Y la verdad es que lo había olvidado hasta que me llamaste e insististe en que teníamos que irnos en 20 minutos... paniquié y sin voltearme a ver en el espejo emprendí el corto trayecto hasta tu casa. Ni las faltas a la autoridad vial, ni el heavy metal en mi stereo y ni siquiera la emoción del evento me hicieron darme cuenta de la desfachatez con la que vestía y me presentaría al acontecimiento de gala; y si cierto es que toda la semana, aunque en cama y con tos, me sentí estúpidamente emocionada por expectativas irrealizables, ese viernes sería algo diferente. Y en verdad, fue diferente... pero no por las razones que yo hubiera esperado.
En fin, llegué a tu casa y después del déspota recibimiento que siempre me da tu perra del infierno (y que ojalá se muera y pudra en el hoyo más apestoso del averno), me dirigí a tu dormitorio y debo decir que me sentí intimidada por lo bien que te veías con ese ligero vestido
Seguramente hablé del mismo tema rumiado y que como siempre después de un par de días parece surgir una novedad al respecto, pero no arruinaría tu día con mis acostumbradas quejas, pasé a temas de mayor relevancia como que te hacen falta brochitas y pinceles bonitos para maquillaje. Después arribó alguien más y su glamour sirvió para hacer más notorio mi inadecuado oufit...
Sin perder más tiempo procedimos a buscar en tu clóset algo que me quedara, sobra decir que en pecho soy 2 tallas mayor que tú, pero en zapatos eres tú la que me gana, zapatos y altura. Así pues después de varios intentos fallidos en los que forcejeamos y tiramos con fuerza de las prendas, quedé con un lindo blusón de colores y de licra, el cual se amoldaba convenientemente a mi figura y dejaba ver un poco mis posaderas... sí, nada que unas mallas negras no arreglaran.
Pero los zapatos... mis zapatillas verdes jamás servirían, y los tacones de tu
Para ser honesta incluso ahí comencé a cuestionarme mis razones para creer eso.
Por fin quedamos listas, extrañamente todas combinadas entre nosotras, partimos a lo que sería un cierre de ciclo para tí. Llegamos un poco tarde pero no pareció importar, yo intenté capturar el momento con mi maravillosa cámara reflex digital (y que Dios bendiga), pero en momentos creo que sólo llamé la atención innecesariamente, interrumpiendo con el celular que me sorprendió a medio discurso, o tropezándome con mi propia sombra y por consecuente estrellando tu celular con el suelo. Disculpa por eso. Finalmente todo salió bien, hubo muchas sorpresas e intervenciones poco formales que le dio a todo un toque local y personal, mucho más de lo que yo tuve...
Quiero expresar mis buenos deseos para el porvenir y mi felicitación por al menos tener planes ambiciosos y no conformistas, pero luego; no es simple ambición, es que uno es lo que es y no puede ser de otra manera y no será de otra manera que no sea esa ambición superior a la perrada. Uno no tiene la culpa de tener sueños altos y capacidades, actitudes y aptitudes superiores; así naces... y no eliges quién ser, sólo eliges ser quien eres o ser como la humanidad quiere que seas... Y por eso debes estar orgullosa.
En fin, la noche como dije, sería diferente.
Pero no lo fue por las acciones o hechos que le siguieron a tu Declaración de Independencia y Saber: pisteamos, comimos y celebramos; reímos, platicamos y soñamos; planificamos y extrañamos; recordamos y concluímos. Fue una corta velada. Fue lindo mientras duró.
Pero hoy será más difícil que ayer, por que ambas sabemos de las decisiones que hay que tomar y las acciones a seguir, y ambas sabemos lo difícil que puede ser, lo doloroso, lo odioso y lo mucho que desearías no tener que hacerlo, lo pesado, irreversible, lo insegura que es esa apuesta, lo necesaria que es... y lo aterrador que es dudar.
Por mi parte es como estar en rehabilitación, como dejar eso que se tornó en vicio y que sabes que terminará siendo aún más dañino, y que a pesar de lo conciente que estás de eso no puedes evitar quererlo, no puedes evitar desearlo; eso que no quieres comprender, que desearías se arreglara mágicamente y con la misma brusquedad con la que llegó a malformarse. Paradójicamente no quieres quererlo, quieres querer desaparecerlo; y es por eso que no debes, no debes porque quieres. Necesitas hacer las cosas que se tienen que hacer. Amiga, las cosas que se tienen que hacer hay que hacerlas, y no dejarlas por ese engañoso sentido de bienestar tan etétero, tan débil, tan humano. Tan indeseable. Tan irreprochable.
Y mañana será otro día, la vida no espera y la angustia no se perderá, más aún se nos acaba el tiempo... y de todas formas quiero tomarme un momento para decir:








