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this precious illusions
Posted by ... of a Spotless Steff
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sábado, abril 02, 2011
in
Missing you,
myself and the wind,
Steffy begins...,
the boulevard is not that bad
Sábado en la mañana y yo me levanto a hacer quehacer y mi desayuno.
Recolecto todos los papeles y cartones para ser reciclados y de pronto el calor se hace demaciado seco y polvoriento, y es que el sol pega directo a mi ventana... decido una vez más desentilichar, realmente siempre trato de sacar todo lo que no sirve.
Total que voy por una canasta cuadrada de plástico para meter peluches que tengo aún por ahí. Yo sé lo que han de estar pensando... pero es que me cuesta realmente separarme de algunos. Y es que tengo dos hermanos más grandes y pues siempre estaba jugando con hombres y entre hombres y cosas de hombres y usando ropa usada de hombres. Pero había días en los que podía encerrarme y jugar con mis peluches, mucho más grandes y abrazables que los juguetes como playmóbil u otros. No, no jugaba con Barbies. Jugaba con peluches. Para que me entiendan eran mis amigos secretos. Nadie lo sabía mas que yo. Y la música que ponía, que fue desde Michael Jackson y ABBA hasta Metallica. Ya escuchaba Metallica cuando aún jugaba con peluches.

Después cuando crecí por alguna extraña razón seres queridos me regalaban peluches: cuando fui a Canadá Darren me regaló un osito, del cual curiosamente tenía un gemelo pero de distinto color... Darren y Darrel, el bueno y el malo. Ese osito de peluche ha pasado por tantas cosas... desde publicidad en mi Universidad hasta ser tratado como presunto utensilio de contrabando de drogas en Aduana. Me encuentro pidiendo disculpas inconscientemente por guardarlo en una caja destinada al clóset.
Y luego está la gatita que me compraron cuando tenía unos 5 años en Estados Unidos. Recuerdo perfectamente recorrer la tienda viendo todos los juguetes y finalmente ir a los anaqueles de peluches, tenía permitido sólo una cosa. Había otros más grandes e interesantes; pero esa gatita (que por fuerza pensé que era niña como yo, ob-vi-o) parecía tan real. La tomé y fui corriendo con mi papá y le dije que ya había decidido el juguete que quería. Mis hermanos escogieron lo suyo y fuimos a la caja. Yo no alcanzaba a ver lo que pasaba en el mostrador pero mi hermano Tulio me dijo que vio que la vendedora le hechó polvos mágicos para que cobrara vida por las noches. (No sé por qué pero realmente le creía todas las babosadas que el idiota me decía.) Luego en ese mismo viaje me encontré un dije de corazón de cristal tirado en el piso, agarré hilo y se lo puse de collar a la gatita, hoy mientras decido qué peluches voy a regalar veo el dije y pienso que quitárselo para regalar el peluche, pero al instante siguiente me detengo y siento que si lo hago se me brotarán las lágrimas. Rebobino y miro fijamente a la gatita. Tiene una quemada en la mejilla derecha de un día que lo dejé mucho rato en una lámpara para que se calentara y pudiera irme a dormir abrazada de la gata que por las noches se volvía real y vagaba cuidando de mí. También recuerdo el día que pasó eso, me sentí mal por dejarle esa cicatriz. Bobadas de niños. De nuevo siento los ojos cristalinos y la guardo en la caja de plástico.

Continúo con "a stupid lobster" que me gané en una feria de comida en Canadá, iba con mi amiga Zuzanka y nos pusimos a jugar al tiro al blanco con dardos, yo le atiné a uno y el árabe loco que atendía me dió un premio mayor al que merecía... según él. Yo esperaba algo más que un peluche de una langosta. Pero luego cuando comenzó a decir palabras de amor y matrimonio decidimos huir con el premio a buscar más comida internacional.
Qué recuerdos.
Hay otros más... Marihuana la Rana, el Bulldog que me trajo Tulio de Londres, el Marquitos con su Marquita que me trajo Chango de Chiapas, el Chewbaquita que me robé una vez, el pingüino gigante... Aparto unos cuantos que aunque me cuesta pienso que es mejor que otros niños los disfruten, y de pronto me siento como Andy en Toy Story 3. Irónico. Los hijos de Irmita se divertirán más con ellos. Guardo sólo aquellos que no pude dejar. De todas formas no estarán muy lejos. Tal vez por las noches la gatita aún cobre vida y recorra la casa junto con la langosta y Tribilín, bajo la atenta mirada de Darren y Darrel.
Recolecto todos los papeles y cartones para ser reciclados y de pronto el calor se hace demaciado seco y polvoriento, y es que el sol pega directo a mi ventana... decido una vez más desentilichar, realmente siempre trato de sacar todo lo que no sirve.
Total que voy por una canasta cuadrada de plástico para meter peluches que tengo aún por ahí. Yo sé lo que han de estar pensando... pero es que me cuesta realmente separarme de algunos. Y es que tengo dos hermanos más grandes y pues siempre estaba jugando con hombres y entre hombres y cosas de hombres y usando ropa usada de hombres. Pero había días en los que podía encerrarme y jugar con mis peluches, mucho más grandes y abrazables que los juguetes como playmóbil u otros. No, no jugaba con Barbies. Jugaba con peluches. Para que me entiendan eran mis amigos secretos. Nadie lo sabía mas que yo. Y la música que ponía, que fue desde Michael Jackson y ABBA hasta Metallica. Ya escuchaba Metallica cuando aún jugaba con peluches.

Después cuando crecí por alguna extraña razón seres queridos me regalaban peluches: cuando fui a Canadá Darren me regaló un osito, del cual curiosamente tenía un gemelo pero de distinto color... Darren y Darrel, el bueno y el malo. Ese osito de peluche ha pasado por tantas cosas... desde publicidad en mi Universidad hasta ser tratado como presunto utensilio de contrabando de drogas en Aduana. Me encuentro pidiendo disculpas inconscientemente por guardarlo en una caja destinada al clóset.
Y luego está la gatita que me compraron cuando tenía unos 5 años en Estados Unidos. Recuerdo perfectamente recorrer la tienda viendo todos los juguetes y finalmente ir a los anaqueles de peluches, tenía permitido sólo una cosa. Había otros más grandes e interesantes; pero esa gatita (que por fuerza pensé que era niña como yo, ob-vi-o) parecía tan real. La tomé y fui corriendo con mi papá y le dije que ya había decidido el juguete que quería. Mis hermanos escogieron lo suyo y fuimos a la caja. Yo no alcanzaba a ver lo que pasaba en el mostrador pero mi hermano Tulio me dijo que vio que la vendedora le hechó polvos mágicos para que cobrara vida por las noches. (No sé por qué pero realmente le creía todas las babosadas que el idiota me decía.) Luego en ese mismo viaje me encontré un dije de corazón de cristal tirado en el piso, agarré hilo y se lo puse de collar a la gatita, hoy mientras decido qué peluches voy a regalar veo el dije y pienso que quitárselo para regalar el peluche, pero al instante siguiente me detengo y siento que si lo hago se me brotarán las lágrimas. Rebobino y miro fijamente a la gatita. Tiene una quemada en la mejilla derecha de un día que lo dejé mucho rato en una lámpara para que se calentara y pudiera irme a dormir abrazada de la gata que por las noches se volvía real y vagaba cuidando de mí. También recuerdo el día que pasó eso, me sentí mal por dejarle esa cicatriz. Bobadas de niños. De nuevo siento los ojos cristalinos y la guardo en la caja de plástico.

Continúo con "a stupid lobster" que me gané en una feria de comida en Canadá, iba con mi amiga Zuzanka y nos pusimos a jugar al tiro al blanco con dardos, yo le atiné a uno y el árabe loco que atendía me dió un premio mayor al que merecía... según él. Yo esperaba algo más que un peluche de una langosta. Pero luego cuando comenzó a decir palabras de amor y matrimonio decidimos huir con el premio a buscar más comida internacional.
Qué recuerdos.
Hay otros más... Marihuana la Rana, el Bulldog que me trajo Tulio de Londres, el Marquitos con su Marquita que me trajo Chango de Chiapas, el Chewbaquita que me robé una vez, el pingüino gigante... Aparto unos cuantos que aunque me cuesta pienso que es mejor que otros niños los disfruten, y de pronto me siento como Andy en Toy Story 3. Irónico. Los hijos de Irmita se divertirán más con ellos. Guardo sólo aquellos que no pude dejar. De todas formas no estarán muy lejos. Tal vez por las noches la gatita aún cobre vida y recorra la casa junto con la langosta y Tribilín, bajo la atenta mirada de Darren y Darrel.











